jueves, 12 de julio de 2012


PERDON GENERAL BELGRANO


General Belgrano, perdón
“ Belgrano es lo mejor que tenemos en la América del Sur ”.

José de San Martín

Por Malú Kikuchi del portal

LA CAJA DE PANDORA

Manuel Belgrano era abogado y entró por la puerta grande de la historia Argentina, como General.

Es un hecho, aunque le moleste al gobierno.

Esto no es un ataque a los abogados, ni una defensa a los militares, son hechos.

La interpretación de los mismos es libre y se puede elogiar o criticar, estar de acuerdo o disentir, pero los hechos son irrefutables.

Como vivimos en Argentina, nuestro país, al que hemos construido y destruido varias veces a lo largo de su historia, se supone que la vida de Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, la hemos estudiado y la mayoría de nosotros, aprendido.

Aparentemente, no todos.

Nos enseñaron que el General Manuel Belgrano había estudiado derecho en España y era abogado.

Pero era, el “General” Belgrano.

El nunca se doctoreó, ni se presentó públicamente como el Dr. Belgrano, aún antes de ejercer como militar.

No hay monumento, avenida, pueblo, calle o escuela que no anteponga al nombre de Belgrano, el título de General.

Belgrano fue un gigante del pensamiento y de la acción, la honestidad, y el desprendimiento.

Tuvo un proyecto político de nación válido hasta hoy, y un desmesurado amor por la patria, a la que ayudó a nacer.

Hechos.

Nació en Buenos Aires el 3/6/1770.

Su padre, italiano muy rico, comerciante, quiso que su hijo tuviera la mejor educación de la época.

En su autobiografía, Belgrano cuenta:

“Estudié primeras letras, gramática latina, filosofía y algo de teología en Buenos Aires.

(Mi padre) Me mandó a España a seguir la carrera de las leyes, y allí estudié en Salamanca; me gradué en Valladolid, continué en Madrid y me recibí de abogado en la cancillería de Valladolid”.

Si se doctoró, no lo incluye en su autobiografía.

Continúa diciendo que “ estudié idiomas vivos ( era el único políglota de nuestros próceres ), economía política y derecho público”.

Nunca menciona un doctorado.

Fue un estadista y nuestro primer economista, trabajó desde el Consulado como secretario y desde allí ejerció el periodismo, tuvo visión de futuro, bregó por la educación, la agricultura, la industria y el libre comercio.

Sobre el monopolio comercial decía que era fácil enriquecerse ( lo había hecho su padre ) “ comprando a 4 y vendiendo a 8 ”.

Desde 1796 hasta 1806 fue Capitán de Milicias urbanas.

Combatió contra los ingleses y fue nombrado Sargento Mayor de Patricios.

Siendo ya vocal de la 1° Junta, el 22/9/1810, lo enviaron a Paraguay en misión militar, con mando de tropa.

No como “Doctor”.

La misión fue un fracaso.

Ya en Buenos Aires, el gobierno, ¡ siempre tan atinados nuestros gobiernos !,
lo juzgó por su mal desempeño como militar, no como “Doctor”.

Fue absuelto.

Como General al mando del Ejército del Norte le debemos el heroico éxodo jujeño en agosto 1812, las brillantes victorias de Tucumán y Salta y las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma.

Como General propuso la escarapela celeste y blanca para diferenciar a su tropa de la enemiga.

Como General creó nuestra bandera también celeste y blanca, para que los soldados, no los empleados de su estudio de abogado ( que nunca tuvo ), siguieran una enseña propia.

Belgrano se empobreció gastando su fortuna en mantener a las tropas, no a un conjunto de escribanos y abogados.
El gobierno, entonces como ahora, no enviaba dinero y los soldados necesitaban comer, vestirse, tener armas y municiones.

Belgrano se empobreció como General, no como Doctor.

En los finales, se avergonzaba de no poder pagar sus deudas y esperaba que el gobierno se pusiera al día con sus atrasados sueldos de General.

A su médico le pagó con su reloj.

Murió pobrísimo, el día en que Buenos Aires tuvo 3 gobernadores.

Fue el 20 de junio de 1820, a las 7 de la mañana.

Tenía 50 años, de los cuales pasó 26 al servicio de la patria.

La lápida en la iglesia de Santo Domingo, se hizo con un pedazo de la tapa de mármol de la cómoda de sus padres, donde sus hermanos inscribieron “ Aquí yace el General Manuel Belgrano ”.

El único periódico que se refirió a su muerte, fue el Despertador Filantrópico, donde el Padre Francisco de Paula Castañeda escribió:

“ Triste funeral, pobre y sombrío, que se hizo en una iglesia junto al río, en esta capital, al ciudadano Brigadier General, Manuel Belgrano”.

General Belgrano, perdón.

Por entonces y por ahora.

Perdón porque su patria no tiene una fecha que lleve su nombre, el 20/6 es el día de la bandera; le hemos robado hasta su muerte.

Perdón por los 15 sueldos de General atrasados, perdón por deberle el dinero de sus soldados.
Perdón por los $ 40.000 oro que le otorgaron por su victoria en Salta y que Usted donó para construir 4 escuelas, que nunca se construyeron.

Perdón por quitarle su título de General, ganado con sangre, dolor y dignidad.

Perdón.

Deliberadamente el gobierno ha decidido tergiversar la historia.

Con malicia, tratando de adaptarla a una determinada ideología política.

Ideología que tiene el derecho de tener, lo que no tiene el derecho de mentir.

Jesús le rogaba a Dios, “ Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen ”.

Argentinos, juzguen, porque el gobierno, “sí sabe lo que hace”.

P.D.

Los 323 argentinos, que murieron aviesamente atacados durante la guerra de las Malvinas el 2/5/1982 y yacen en el fondo del Atlántico Sur,

¿iban a borde del Crucero ARA Doctor Manuel Belgrano, o era el Crucero ARA “General Belgrano” ?

Por decreto 292/2011, se declara al año 2012 “Año de homenaje ( creación de la bandera 27/2/2012 ) al Doctor Manuel Belgrano”.

 

lunes, 11 de junio de 2012


LIMITES A LA SOBERBIA


     El gobierno se sigue enredando en sus propias impericias y desatinos. 

Y no para de hacerlo desde hace dos o tres meses, con eje en dos cuestiones que claramente han comenzado a mostrar gruesas grietas, como son la economía y el control en general de la gestión. 

Dicho de otro modo, la administración ha encontrado, por primera vez en mucho tiempo, límites insalvables a un modo soberbio y prepotente de gobernar, y, por primera vez también, los protagonistas, con Cristina Fernández a la cabeza, han comenzado a mostrar signos de preocupación frente a un escenario que se complica.

 Y que, para mal de no pocos observadores oficiales, tiene cada vez más cerca el hito que puede marcarlos a fuego: 

las elecciones legislativas de 2013. 

No por nada Carlos Zannini acaba de desempolvar un proyecto para anticipar ese paso por las urnas de la ciudadanía a marzo del año que viene, antes de que todo empeore. 

 Cristina brama cuando le aconsejan ir por ese camino. 

Sus raptos de alarma no superan todavía el limbo maravilloso en el que vive y que pinta en sus discursos. 

Pero ese texto ya circula entre despachos oficiales y de algunos diputados y senadores kirchneristas.

     Veamos, si no, lo que acaba de ocurrir en esta última semana, duras como pocas desde que el gobierno comenzó a tropezar por los pasillos, allá por diciembre de 2011. 

La primera conclusión que entregan estos días complicados es que la presidenta no puede hacer lo que se le antoja. 

O que el 54 por ciento de los votos obtenidos el 23 de octubre no es una vía libre para cualquier cosa. 

Para empezar, en su enorme mayoría, las encuestas que hoy recogen el estado de ánimo popular demuestran que ese porcentaje se ha ido achicando y que los altísimos niveles de imagen positiva que tenía CFK son, a estas alturas, un buen recuerdo. 

Queda claro que a la presidenta le han torcido el brazo en el marco de la pelea por el dólar, plagada de errores, de multiplicidad de voceros que no hicieron otra cosa que embarrarle la cancha al propio gobierno, hayan sido autorizados o simples vocingleros cuyo único objetivo era agradar los oídos de la jefa. 

Aníbal Fernández puede ser un buen ejemplo de ese segundo lote.

     La puesta en escena de la presidenta, en el Salón de las Mujeres, cuando dijo que vendería sus más de tres millones de dólares para pasarse a pesos, no es ni mucho menos un gesto altruista. 

Es producto directo de la preocupación por los cacerolazos, por el descontento social de la ciudadanía que no puede comprar dólares para ahorrar, mientras los funcionarios se ufanan de tener cuentas en esa divisa y de hacer con ellas lo que se les antoja, como en el caso del senador. 

Los que la conocen, dentro y fuera del gobierno, saben que no es esa la presidenta altiva y orgullosa que promete semejante paso solo porque la convenció el discurso de un periodista oficialista. 

Más allá de que habrá que ver en los hechos si finalmente cumple con esa promesa.

     En la Casa Rosada dicen que Máximo Kirchner, el administrador de esa fortuna, no está de acuerdo y tampoco lo conmueven campañas como la que sorpresivamente parece ahora abrazar su madre. 

El gesto fue forzado, estudiado, a la búsqueda de un rédito político. 

Claro que el "relato" siempre sale en auxilio de la presidenta y de su gobierno, aunque hay que convenir que ese recurso cada vez puede menos y cada vez convence a menos; que no logra disimular que hay cosas que no se pueden hacer y que si se hacen saldrán mal, o que algo está pasando en el gobierno que antes no pasaba. Igual intentaron salirse con la suya: presentaron como un gesto propio de la épica cristinista un paso que no fue otra cosa que eso, motivado por el temor y la necesidad de reacomodar los tantos frente a una sociedad que pareciera, por fin, dispuesta a dejar de ser actora pasiva, de mirar todo a través de la televisión. 

Un dato que no debe considerarse menor, si hay que hacer honor a las proyecciones matemáticas: el primer cacerolazo contra la política económica, la inseguridad y la corrupción oficial en la Plaza de Mayo de hace diez días, juntó unas 200 personas. 

El segundo capítulo, el jueves pasado, congregó a unas 4.000. 

En esta oportunidad, el Ministerio de Seguridad dispuso un preventivo operativo policial con órdenes absolutas de no intervenir.

     Quedó visto esta semana que tampoco la presidenta puede hacer lo que se le antoja, después del estrepitoso fracaso de su propuesta para convertir en jefe de los fiscales a un impresentable como Daniel Reposo. 

Este bochornoso suceso fue el que le arrancó a Cristina otro de sus grandes raptos de preocupación de los últimos días. 

Y demostró, como en el caso del falso altruismo pesificador del martes, que es tozuda pero no tonta.

     A la jefa del Estado le habían advertido y repetido en varias ocasiones que el pliego de Reposo no iba a pasar el filtro del Senado. 

Y los mensajeros no hablaban por la oposición solamente, sino por varios de ellos mismos. 

Ella los rechazó una y otra vez altiva y desafiante: 

"Si la oposición no lo quiere, que junten el número y lo voltee", dijo en un par de ocasiones a los emisarios de la cámara alta. 

Mal que le pese, llegó el turno de la reunión de comisión del martes. 

La vergonzante exposición del candidato frente a los senadores se vio claramente reflejada en más de una oportunidad en las caras de espanto de Miguel Pichetto y Aníbal Fernández. 

La presidente misma se terminó de dar contra la pared cuando siguió desde Olivos buena parte de esa audiencia.

     "La verdad es que este muchacho provoca vergüenza ajena", se quejó un operador por esas horas desde la Casa Rosada. 

Pichetto avisó a los aposentos que, a esas alturas. 

Reposo era "indefendible".

 Las últimas esperanzas se perdieron cuando el bloque del Peronismo Federal resolvió que nadie sacaría los pies del plato. 

Todos iban a votar en contra, hasta los senadores por San Luis, pese a los ruegos del gobernador Poggi de que apoyaran la postulación porque, de lo contrario, la Nación no le enviaría los fondos que necesita para seguir gestionando.

     Hubo allí dos claves que terminaron de desbarrancar todo: el voto negativo que anunció Carlos Reutemann y la abstención que anticipó su comprovinciana Roxana Latorre convencieron al resto. 

Eso, y lo que acaba de ocurrir en la Legislatura bonaerense con el episodio sobre el presunto pago de coimas a la oposición, en el que quedaron envueltos diputados de La Cámpora, en especial su conductor y fanático cristinista, José Ottavis. 

La política, y en el caso puntual de Reposo más aún, había quedado automáticamente bajo estado de sospecha. 

"Una abstención, un voto en contra, una ausencia repentina, iba a ser sospechada de soborno", se sinceró un funcionario que siguió de cerca toda la saga.

     Son pequeñas o grandes señales que van dejando al descubierto un nuevo escenario en el que claramente aparecen límites allí donde, hasta hace un puñado de meses, todo era autoritarismo y soberbia. Indicios, a la vez, de que el gobierno ha comenzado a tomar nota. 

Vale una muestra: sin mucho bombo y a resguardo del "relato", la AFIP dejó sin efecto, de la noche a la mañana, los controles impuestos a quienes deseen comprar dólares para viajar al exterior en plan de negocios o vacaciones. 

Lo reflejaron testimonios de varias agencias de viaje. 

Otro gesto mínimo, pero gesto al fin, que supone un freno a aquella costumbre de llevarse todo puesto.

     En el caso de Reposo --hay que decirlo--, usaron la única fórmula posible para evitar que se lea el paso como un costo político para la presidenta. 

"Ella no puede aparecer cediendo", se admitió. 

Es decir, lo hicieron renunciar, cuando el grosero postulante clamaba ante Pichetto por otra oportunidad, ya que creía que podía ser el sucesor de Esteban Righi. 

Las cartas de renuncia se escribieron en el despacho de Juan Manuel Abal Medina, el jueves por la noche. 

El jefe de Gabinete y el vocero Alfredo Scoccimarro fueron los redactores, ante la atenta mirada de Reposo, que solo tuvo que ponerles la firma.

     Lo que no han podido evitar --un dato ilevantable que ha generado gruesos reproches internos-- es que le dieron a la oposición, y en especial al radicalismo, un triunfo y un protagonismo como no ocurría desde la perdida batalla con el campo, en 2008. 

Eligieron el mal menor, la "renuncia" de Reposo, aunque no alcanza para zafar del yerro: 

una derrota en el Senado habría sido un regalo impensado para una oposición que, desde octubre a esta parte, no había hecho más que lamerse las heridas.

     Pichetto, Aníbal y el resto dejaron finalmente en claro que no los impulsaba el amor a Reposo, sino evitarle un costo político mayor a la presidente, a la que alguno de ellos observa en los últimos tiempos con el paso inseguro. 

Se verá si lo lograron.

     Como colofón, se ha escuchado en más de una oportunidad por estos días, en los pasillos del poder, una frase que no es nueva: 

"Con Néstor, esto no nos pasaba". 

Refieren a un estilo malévolo pero negociador que se ha perdido definitivamente. Aquel que se resumía en una frase: 

"Escuchen lo que digo, pero miren lo que hago". 

Y que Cristina Fernández ha desnaturalizado desde su decisión de "desnestorizar" la gestión, para "cristinizarla" cada vez más. 

Tal vez el más fresco ejemplo sea el empujón, casi definitivo, a Julio de Vido, el último sobreviviente genuino de aquel kirchnerismo. 

Lo dejó con las manos vacías en YPF, le quitó su joya más preciada, que era el manejo de los subsidios al transporte, y lo mandó a ocuparse de la obra pública, justo cuando los gobernadores hacen cola para decir que no les llegan los fondos y que tienen las obras paradas.

•   El gobierno está en problemas: no para de cometer errores desde tres meses a esta parte y con el relato, al parecer, ya no alcanza.

•   Julio de Vido, sobreviviente de los primeros tiempos del kirchnerismo, quedó ahora evidentemente relegado en la consideración de la presidenta.

•   Tanto Aníbal Fernández como otros miembros de la bancada senatorial del oficialismo comprendían que la postulación de Daniel Reposo no podía prosperar.

martes, 5 de junio de 2012


LA SOLEDAD DE LA REINA CRISTINA


Monarca. 
La Presidenta concentra el poder
mientras el Modelo empieza a dar señales de agotamiento.


Muy poco queda de la euforia triunfalista que sintieron los kirchneristas apenas medio año atrás cuando se creyeron los amos del universo. 

Casi todo el poder político sigue en manos de Cristina, eso sí, pero la Presidenta ya se sabrá impotente para frenar el avance inexorable de una crisis económica que amenaza con demoler el “modelo” que, según ella, ha transformado la Argentina para siempre, liberándola de un pasado repleto de frustraciones y preparándola para hacer frente a los desafíos planteados por “un mundo que se desmorona”. 

No ha dejado de reivindicar en tono épico su propia gestión y la de su marido difunto, pero en su fuero interior no puede sino comprender que solo se trata de palabras, de aspiraciones que el tiempo ya ha devorado, de ahí la alusión, para algunos sorprendente, que hizo el 25 de mayo en Bariloche, a lo ineludible que es “transferir la posta” porque en esta vida nada es eterno.

¿Transferir la posta? 

De insinuarlo otro –Daniel Scioli, digamos–, los escuderos fieles de Cristina estallarían de indignación. Lo tomarían por evidencia contundente de que ya está en marcha una conspiración oligárquica, urdida por una junta maligna de generales mediáticos que fantasean con devolver el país a la oscuridad prekirchnerista. 

Es que conforme al credo oficial, Cristina no cuenta con sucesores. 

Tiene que ser eterna. 

Sin ella, el kirchnerismo se rompería en una multitud de fragmentos. 

El proyecto se desintegraría. 

He aquí una razón por la que sus simpatizantes se sienten obligados a colmarla de poderes, homenajeándola en toda oportunidad, actitud que, además de reflejar el grado realmente asombroso de irresponsabilidad de sus partidarios, le impide gobernar con un mínimo de eficacia. 

Pensándolo bien, la obsecuencia sistemática equivale a traición.

Cristina está sola. 

No puede confiar en nadie. 

Aquellos dependientes que estarían dispuestos a sacrificar todo por ella no están en condiciones de darle los consejos que le permitirían superar las pruebas que se avecinan, mientras que quienes en otras circunstancias podrían hacerlo se han visto expulsados del hermético círculo áulico presidencial. 

La situación en que se encuentra Cristina sería menos precaria si la Argentina poseyera instituciones adecuadas, comenzando con una administración pública profesional, organismos de control respetados y un Poder Judicial indiferente a las presiones del Ejecutivo, además de partidos políticos genuinos, pero los resueltos a inflar el poder presidencial se las han arreglado para socavarlas, privando así a su jefa de una base firme. 

A su manera, la así premiada –castigada–, lo entiende: 

“Los que se creen eternos tienen que mirarse al espejo y darse cuenta de lo frágiles que son”. 

Sí, Cristina parece consciente de que su ciclo está aproximándose inexorablemente a su fin, de que, como lamentó una vez el hipotético ancestro de la revolución bolivariana, está arando en el mar.

Atrapada en el rol de mandataria todopoderosa y omnisciente, la Presidenta se ve constreñida a liderar la lucha contra “el mundo”, es decir, contra todo lo que de acuerdo con su ideología setentista personal está provocando el desmoronamiento del “modelo”. 

Para ayudarla en esta empresa nada fácil, están el púgil de lenguaje soez Guillermo Moreno y Axel Kicillof, un hombre cuyo aporte principal al “modelo” ha consistido en impulsar la apropiación de las acciones de Repsol en YPF y advertirles a los escasos inversores en potencia que el Gobierno del que forma parte es contrario por principio a la seguridad jurídica, concepto que, según parece, cree grotescamente reaccionario. 

Así las cosas, no extraña que en las semanas últimas se haya difundido la sensación de que la economía argentina está por hundirse, razón por la que tantas personas quisieran pertrecharse de dólares antes de que les sea demasiado tarde.

Según parece, el operativo YPF no ha resultado ser tan provechoso como habían previsto quienes suponían que, además de permitirle a Cristina recuperar los pedazos de su capital político que había perdido a causa de las andanzas poco edificantes de Amado Boudou y el desastre ferroviario de Once que muchos atribuyeron a la relación presuntamente corrupta de los funcionarios del Gobierno con los concesionarios, la petrolera emblemática tendría escondidos en sus bóvedas miles de millones de dólares frescos. 

Asimismo, se ha dado cuenta de que, aun cuando Miguel Galuccio resultara ser el profesional cabal que Cristina quería como mandamás de YPF para asegurar que no se viera convertido en un nuevo agujero negro politizado equiparable con Aerolíneas, antes de que la empresa empezara a generar dinero le sería necesario captar inversiones que nadie tiene interés en aportar. 

Por motivos comprensibles, a cambio de su eventual colaboración, petroleras imperialistas como Exxon requerirían garantías que serían incompatibles con las pretensiones de un movimiento supuestamente nacional y popular que acaba de despojar a los españoles so pretexto de defender la soberanía energética.

Pero lo de YPF ya fue. 

Sus peripecias internas no son noticia y, desafortunadamente para Cristina, el impacto político de la expropiación ha sido apenas perceptible. 

Desde hace varias semanas, lo que más preocupa a la ciudadanía es la ruta errática que ha tomado el dólar blue luego de separarse definitivamente del verde. 

Para los kirchneristas, comprometidos como están con la noción de que lo económico siempre tiene que subordinarse a lo político, lo que está en juego es su propia autoridad, motivo por el que el Gobierno está esforzándose por reafirmarla poniendo fin a la huida del dólar con los consabidos métodos policiales que, desde luego, no sirven para restaurar la confianza. 

Por el contrario, sería difícil imaginar una forma mejor de sembrar el pánico que exhortar a los argentinos a aprender a pensar en pesos.

En opinión de algunos, la lucha contra la dolarización mental, la toma de YPF y los intentos oficiales de manejar una proporción creciente de las variables económicas, significan que lo que tiene en mente el Gobierno es probar suerte instalando una versión local del “modelo” venezolano, pero es por lo menos posible que a Cristina le parezca más apropiado el angoleño. 

Para distraer por algunos días la atención de lo que está ocurriendo fronteras adentro, la Presidenta, impulsada por Moreno, optó por hacer de Angola un aliado estratégico y, de regreso a la patria luego de una visita breve pero así y todo antológica al país del dictador vitalicio José Eduardo Dos Santos, reivindicar el aporte, a su juicio fundamental, de “esos negros” angoleños a la independencia de lo que andando el tiempo sería la Argentina.

No cabe duda de que Cristina se sintió a sus anchas entre “las mujeres revolucionarias” con las que bailó alegremente en Luanda.

 También le encantaron las perspectivas comerciales que vio abrirse ante sus ojos: la entusiasmaron tanto que obsequió a sus anfitriones, y a los empresarios que la acompañaban, una imitación convincente de la actriz Fátima Florez en la que, entre grititos –

“¡Es insoportable, es insoportable!”

– prometió venderles a los angoleños cantidades ingentes de chicles, batidoras, licuadoras, trajes de la Sastrería González, limones tucumanos, sillones de cuero y otros productos de los sectores más competitivos de la pujante economía nacional.

Gracias a Cristina y a Moreno, el país ha logrado acercarse a Angola, pero se ha alejado  virtualmente de todos los demás integrantes de la comunidad internacional. 

Mientras los kirchneristas celebraban el éxito de su safari africano, los miembros de la Unión Europea ponían los toques finales a una denuncia furibunda, redactada en un estilo que podría calificarse de kirchnerista, ante la Organización Mundial de Comercio por vaya a saber cuántas violaciones de las normas. 

También se sienten molestos por las trabas imaginativas inventadas por Moreno en Suiza, Japón, los Estados Unidos, Australia, Corea del Sur, México y, claro está, Brasil, además de muchos otros países. 

No es que los norteamericanos, europeos y nipones sean reacios ellos mismos a aplicar medidas proteccionistas, sino que están acostumbrados a hacerlo de forma menos caprichosa y más previsible que la habitual aquí, donde todo parece depender del estado de ánimo de una sola persona, una que, para más señas, se ha hecho mundialmente famosa por su prepotencia.

Así, pues, lo mismo que el dólar, la imagen de Cristina y de su gobierno se ha desdoblado. 

En el exterior, (salvo, hasta cierto punto, en Bolivia, Venezuela y, es de suponer, Angola), es francamente mala: el senador republicano norteamericano Dick Lugar dista de ser el único político extranjero persuadido de que la Argentina merece ser “suspendida” del G-20 por el “comportamiento de bandido” de sus gobernantes.

 Dentro del país, en cambio, el kirchnerismo sigue contando con el apoyo de una proporción sustancial de la ciudadanía que, por supuesto, no se sentirá intimidada por la hostilidad foránea aunque, de ensombrecerse mucho más el panorama económico y de propagarse la impresión de que la llegada de los años flacos se ha visto apurada por la ineptitud de quienes rodean a Cristina, la situación política interna podría modificarse con rapidez fulminante.

por James Neilson  
Periodista y analista político, ex director de “The Buenos Aires Herald”.

lunes, 4 de junio de 2012


AL BORDE DEL COLAPSO



GRAN parte de las empresas distribuidoras de electricidad del país, en particular las de la región metropolitana de Buenos Aires, están mostrando un avanzado agotamiento financiero como consecuencia del irracional retraso de las tarifas a lo largo de toda una década. 

Esto les ocurre a pesar de haber reconocido precios también insuficientes sobre la energía recibida de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista de Energía (Cammesa) y ésta, a su vez, de las compañías generadoras.

La principal responsabilidad de esta grave situación que provoca debilidad y riesgos en un servicio público esencial recae en el gobierno nacional. Bajo su jurisdicción regulatoria se encuentran las prestatarias más importantes y más comprometidas.

Ha sido una política tarifaria equivocada, imposible de justificar frente a una persistente inflación que ha provocado el aumento constante de los costos operativos, incluyendo los salarios e insumos. 

Sin ir más lejos, anteayer, Transportadora de Gas del Norte (TGN) se declaró en convocatoria de acreedores, por lo cual su acción fue suspendida en la Bolsa porteña. 

La firma quedó en medio de un embrollo judicial tras haber fracasado en la renegociación de una deuda de US$ 347 millones.

El modelo impuesto a las distribuidoras sigue siendo terminal. 

Se ha privado a sus directorios y administradores de la posibilidad de gestionarlas desde la razonabilidad, mientras el Estado ha reforzado su presencia, por ejemplo en Cammesa, con dos representantes de La Cámpora: 

Juan Manuel Abud y Paula Español, como gerente general y gerenta de Finanzas, respecticamente, de esa compañía.

El final de esta política no puede sino llevar a un deterioro en la calidad y continuidad de los servicios. Las autoridades regulatorias de algunas provincias advirtieron que el congelamiento de tarifas destrozaría a sus empresas distribuidoras. 

Por ello, otorgaron ajustes en jurisdicción de sus respectivas provincias, pero se vieron luego frustradas cuando desde el plano nacional se las neutralizó con la imposición de multas arbitrarias que compensaban el oxígeno que cada ajuste suponía.

En momentos en los que cruje el modelo energético oficial también parece recrudecer la inflación. 

Es un escenario políticamente difícil para subir sustancialmente las tarifas eléctricas y permitir la supervivencia de las compañías distribuidoras y generadoras.

El gobierno nacional lo ha entendido claramente al tener que suspender la eliminación de los subsidios luego de haberlos quitado en las áreas residenciales de mayor poder adquisitivo. 

Esto supone admitir una verdad dura: ninguna de las alternativas para corregir una distorsión acumulada durante una década tiene consecuencias menores.

El Gobierno carece hoy de capacidad financiera para sostener los subsidios y debe optar entre continuar con una tarea de demolición empresaria que pone en riesgo un servicio esencial, o bien tendrá forzosamente que pagar el costo político de una normalización tarifaria antes de que sea demasiado tarde.

SE EXTIENDE LA REBELIÓN


"A nadie sorprenderá que tanto políticos como editorialistas prefieran las interpretaciones más simplistas entre todas las disponibles.

Con ello no hacen sino seguir los esquemas tradicionales de los partidos. 

Quien pretenda describir los esfuerzos de éstos, no tendrá que 
extenderse demasiado."
Hans Magnus Enzensberger.

Perspectivas de guerra civil". (Anagrama) Pag. 34
Por Carlos Manuel Acuña

Como si fuera una mancha de aceite que se extiende poco a poco pero de manera constante, la rebelión civil que se inició el jueves ultimo con un cacerolazo en distintas ciudades del país, sonó como un mazazo en la cúspide del poder central que registró un verdadero sacudón. 

Este fue tardío y tomó por sorpresa a la Casa Rosada y la residencia de Olivos donde Cristina Fernández de Kirchner quedó azorada ante las noticias que recibía para luego ingresar en un fuerte estado de histerismo. 

La orden para que "La Cámpora" salga a competir con los manifestantes muestra hasta que punto afectó el razonamiento presidencial cuyos deseos se aplicaron bajo el lema 

"No tenemos que perder la calle". 

Los más avezados de los jóvenes "camporistas" 

- con seguridad los menos jóvenes y mejor remunerados - entendieron que "perder la calle puede ser el principio de un descalabro", idea que primó entre los analistas aunque no utilizaron ese vocablo tremendista

Sonaban las cacerolas y cornetazos de los automóviles y aún no se sabía lo que pcurría en otras ciudades del país como, Córdoba por ejemplo, donde vía internet y otros medios electrónicos, se supo después que más de diez mil personas se reunieron en el centro y alrededores de la capital mediterránea mientras gritaban otras consignas igualmente duras, que apuntaban contra la corrupción, la inestabilidad económica y la inseguridad.

La ruidosa exteriorización del malestar ciudadano duró cerca de una hora, plazo que se repitió en otros lugares donde fueron un denominador común los golpeteos y gritos repetidos desde los balcones de casas y departamentos. 

Luego, con ciertas excepciones, cayó el silencio. 

Casi todos los medios de comunicación callaron o no le dieron la magnitud que merecía este suceso, lo que más tarde se entendió al saberse las grandes presiones que se pusieron en marcha. 

Anteanoche y a la misma hora ocurrieron algunos remezones y comenzó a conocerse cómo se produjo este verdadero acontecimiento político pero sin partidismos. 

La convocatoria se puso en marcha mediante correos electrónicos una vez comenzada la semana hasta que mediante el "twitter" y otros sistemas modernos que integran las llamadas redes sociales, llamaron a concentrarse en determinados lugares con la respuesta conocida. 

Desde la Plaza de la República, después de algunas vueltas alrededor del Obelisco, un grupo de casi dos mil personas marchó hacia la Casa Rosada donde se concentró y gritó las mismas consignas contra la corrupción, la inoperancia del Congreso, las presiones sobre la Justicia y hasta con expresiones abiertamente contrarias a la persona de la presidente de la República. 

Allí, se supo que elementos de "La Cámpora" se dirigían al lugar donde se decidió esperarlos. 

La Policía se colocó de tal manera que apuntó a evitar un encontronazo y llegado el momento la situación se limitó a un intercambio de insultos que luego disminuyeron hasta la desconcentración de los dos grupos.

A esa hora se sabía que los "camporistas" habían sido convocados de apuro y que éstos no salían de su asombro por la decisión demostrada por los manifestantes. 

También nacieron versiones que luego fueron confirmadas, en el sentido de que para este jueves 7 habrá otro "cacerolazo". Internet se llenó de correos en tal sentido y no se hizo difícil palpar tres cosas: el esfuerzo desplegado por el gobierno para silenciar lo ocurrido, la verdadera alteración del ánimo presidencial y la orden impartida a Axel Killisof y al ministro De Vido, de salir al aire e informar que no se estudiaba "la pesificación", lo que no pudo evitar que se acentuara el retiro de los depósitos en dólares en cantidades alarmantes, pero también los realizados en pesos; incluso el movimiento en las cuentas corrientes demostró que el público tenía fresco el recuerdo del "corralito" y que la situación se enrarecía ante el inicio de un perceptible e incipiente desabastecimiento. 

Simultáneamente, desde el campo se lanzaba la información en el sentido de que la resistencia al "impuestazo" en la provincia de Buenos Aires - que en realidad favorecía al gobierno Central - sería duradera con el inicio de un cese de toda clase de actividades por nueve días, a cuyo vencimiento si no se daba el supuesto del levantamiento de la medida fiscal, "la situación se complicaría". 

Desde el Movimiento Confederado del sector (CRA y CARBAP) se registraba la tensión del momento y la consulta con otras entidades representativas ratificaban lo que en su momento habíamos adelantado: el confñlicto se nacionalizará y abarcará a todo el país.

Para colmo, se conoció el vergonzozo intercambio de correos entre el diputado "camporista" José Ottavis y otros compañeros de bancada, en los que se hablaba de sobornos para lograr el quorum necesario para sesionar y así, poder sancionar la Ley correspondiente. 

El mundo político y no político sufrió un verdadero sacudón, se anunció que el Fiscal platense Marcelo Romero iniciaba las investigaciones del caso y pedía a las empresas telefónicas la información sobre estas comunicaciones. 

Lo que ocurría era algo más que un alboroto, pues concurrentemente, mientras se vivían las consecuencias del "cacerolazo" se conocía que el Grupo de los 6 (G6) de la industrializada Córdoba, hacía saber su gran preocupación por la grave situación económica provincial que registraba el cierre de fábricas y suspensión de personal, tal como lo explicamos ayer. 

La Bolsa de Comercio y Cámaras y Federaciones locales produjeron un comunicado que se conoció al mismo tiempo que los productores agropecuarios difundieron otro para oponerse y resistir el impuesto territorial en un frente común con las organizaciones de otras provincias. 

El gobernador Uribarri había respirado tranquilo al estimar que el silencio de los productores ante el incremento en un 300 por ciento de ña contribución territorial, le aseguraba la financiación que le negaba la Casa Rosada.

Pero ahora las cosas cambiaron y puede decirse que la disposición de varios gobernadores para iniciar la circulación de cuasi monedas, las demoras en pagar sueldos y atender las cuentas de los proveedores, ampliaba una parálisis y una incógnita con tendencia a ampliarse.

Sólo los medios independientes hacen referencia a este panorama en tanto crecen las críticas a las opiniones sobre las capacidades del entorno presidencial. 

Cunden los comunicados de protesta y las versiones con sus corrrespondientes contraversiones, crean una atmósfera enrarecida que se agudiza ante expresiones insólitas e imprudentes como la del senador nacional Aniball Fernández, aunque en realidad no sorprenden como lo merecerían dada la personalidad del ex jefe de Gabinete. 

El núcleo duro del cristinismo - Carlos Kunkel, el ideólogo Carlo Zannini, el  joven Killisof cuyo crecimiento rutilante duró poco y lo que podríamos llamar como la plana mayor de los muchachos "camporistas" - comienzan a tropezar en este escenario de opereta. 

Cristina pasa de los retos a los gritos, a suspender audiencias concedidas y ahora no se sabe donde ubicarlo al cambiante Horacio Verbitsky que desapareció de la ceremonia de Página 12 cuando habló la viuda para conmemorar el aniversario del diario que fundó y dirigió Lanata hasta su venta años atrás.

Todo es grave en estas circunstancioas, tanto por lo que se hizo como por lo que no se hace y otros anuncios que se esperan como ser, más prisiones de militares y civiles especialmente seleccionados que se producirían a tambor batiente ante el convencimiento de que las medidas serían populares, lo que es indicativo que se desea mantener a toda costa el gran negocio de los derechos humanos. 

Shocklender y Bonafini hija intercambian públicamente y ante la justicia escandalosas informaciones sobre la estafa de las casas populares y salvo honrosas excepciones, la ausencia de los políticos y sus partidos es otra explicación de los cacerolazos que exijen castigos y soluciones. La gente reemplaza a quienes se dicen dirigentes bajo cambiantes siglas identifcatorias

A medidas que transcurren los días, los memoriosos recuerdan que cuando Raúl Alfonsín se aproximaba a renunciar antes de concluir su mandato, había hecho lo mismo para culpar a otros de su fracaso e inventar conspiraciones que no existían con el único resultado de una triste carcajada general. 

También se recuerda que a comienzos de este verano ya se vaticinaba que después del primer semestre del año se agudizaría la crisis, proceso que comenzó a insinuarse con el intento de esmerilar las figuras de Mauricio Macri y Daniel Scioli por su capacidad de competir con el oficialismo en futuras elecciones. 

Cristina se puso más nerviosa cuando conoció las conversaciones de estas dos figuras entre ellas pero sonrió cuando le informaron de la división de la alicaída Unión Cívica Radical, con el alfonsinismo recostado a favor del gobierno y otra corriente que conversa con dirigentes de otras fuerzas, lo que es toda una novedad entre aquellos que tararean "que se rompa pero no se doble...". 

Lo cierto es que el kirchnerismo puede ufanarse de haber trastocado todo el esquema político - partidario de la Argentina, dato que puede ser positivo según se mire pero que se ensombrece cuando desde el Frente para la Victoria se deslizan sobornos, desprendimientos que buscan romper más todavía al peronismo, se reverdecen ideologías destructivas de la nacionalidad y de la verdad histórica y se utiliza a la corrupción como instrumento de gobierno.

Posiblemente, el "cacerolazo" del jueves, la posición adoptada una vez más por el campo, las declaraciones que empiezan a surgir desde distintos sectores, el anuncio sutil (para poder hacer lo contrario si un milagro modificara las cosas) de que no habrá reelección, algún posible cambio en la Corte Suprema y en el ámbito judicial, constituyan algo más que señales de lo que puede hacer la participación ciudadana como fuente natural de una moral soberana. 

Una moral, es cierto, pero que requiere hechos concretos para sustentarse.

sábado, 2 de junio de 2012


CACEROLAZOS


El ruido de las cacerolas funciona en esta sociedad como una tarjeta amarilla. 

Como una advertencia. 

Es una forma pacífica de protesta que no perjudica a nadie como un paro o un corte de calles, pero que tiene una potencia impredecible. 

Anoche en un sector del área metropolitana hubo cacerolazos.

Para no exagerar su gravedad y ponerlos en su justa dimensión hay que decir que se sintieron con claridad pero que no fueron una catarata atronadora. 

Pero también hay que decir que existieron.

Que por primera vez en mucho tiempo, se produjeron. 

Que la convocatoria anónima por correos electrónicos y mensajitos de texto se viene haciendo desde hace meses sin que se hubieran concretado. 

Anoche algo cambió. 

Porque anoche si hubo respuesta. 

Y esta es una novedad política que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner deberá tomar nota.

Anoche ocurrió algo que no ocurría. 

Primer dato. 

Para intentar valorar con la mayor rigurosidad posible los cacerolazos hay que decir que estuvieron acotados a los barrios mas acomodados de la ciudad y a los distritos de mejor nivel económico de la provincia. 

No es que se escuchó el ruido de protesta en toda la capital. 

Y mucho menos en todo el conurbano.

Pero en Belgrano, Nuñez, Palermo, Recoleta, Vicente Lopez, San Isidro, entre otros, el reclamo mediático se escuchó con toda claridad. 

Y también debe agregarse que en la mayoría de esos barrios y distritos también ganó Cristina en las últimas elecciones. 

Aquí también hay una novedad. 

Se podrá decir con razón que son zonas históricamente refractarias al peronismo o al kirchnerismo. 

Pero, insisto, parte del 54% de los votos que cosechó la presidenta surgió de esos lugares. Cristina ganó incluso en La Lucila, barrio de Vicente López donde viven muchas de las personas más ricas de la Argentina.

Esto no asegura que los cacerolazos tiendan a multiplicarse ni a extenderse a otros sectores de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires. 

 Pero en política, todo lo que ocurre una vez puede volver a ocurrir. 

Va a depender de la actitud que tenga el gobierno frente a esto. 

Si mira para otro lado y niega la realidad, los cacerolazos van a replicarse.

Si registra que hay un llamado de atención y cambia su actitud altanera y soberbia, las cacerolas podrán volver a guardarse en las cocinas hasta otra oportunidad. 

La otra gran incógnita que el poder político deberá despejar tiene que ver con los motivos que dispararon el primer cacerolazo del segundo gobierno de Cristina.

La convocatoria a través de las redes sociales hablaba de luchar contra la corrupción, la inseguridad y la inflación. 

Pero sin dudas, el tema del corralito verde sobre el dólar debe haber influido. 

A nadie le gusta que le metan la mano en el bolsillo ni que el estado decida sobre lo que cada ciudadano debe hacer con sus ingresos.

La frase provocativa y desafiante del senador Aníbal Fernández debe haber actuado como catalizador. 

Aceleró los tiempos. Levantó una ola de llamados de indignación en la radio. 

Cometió un sincericidio. 

Puso en palabras lo que gran parte de los argentinos sospechamos. 

Que hacen lo que se le antoja.

Que se sienten dueños del estado y no inquilinos. 

Que a veces confunden la Casa Rosada con una unidad básica. 

Que por momentos solo pareciera que existen los argentinos que los votaron y que a los demás, dios los ayude. 

Yo hago lo que se me antoja. 

Lo que quiero. 

Me paso ya sabe por donde las críticas de la oposición, de muchas personas independientes y hasta del periodismo. 

Las ninguneo, las ignoro y me burlo de ellos.

Eso hizo Aníbal cuando agregó que cualquiera vaya y compre dólares y agregó, socarrón: 

“Si puede”. 

Fue tan obscena la mojada de oreja que hasta la propia presidenta tuvo que cruzarlo. Lo hizo con una mezcla de humor y reto. 

“¿Qué tomó esta mañana, senador?

¿ Vivarachol?”.

Hasta Cristina que tampoco suele escuchar mucho los reclamos opositores se dio cuenta que era too much, para decirlo con sus palabras. 

De los otros reclamos que había en el mail que convocó al cacerolazo ni siquiera se dice una palabra. 

Corrupción no existe en el diccionario oficial pese a que Amado Boudou, Ricardo Jaime y Sergio Schoklender están muy presentes en los insultos de una parte de los argentinos. Inflación, ya se sabe, es un término que inventaron Clarín y Magnetto para conspirar. 

No existe. 

E inseguridad, es otra fantasía, también lo dijo el antojadizo Anibal F., “es solo una sensación”.

Los cacerolazos de anoche no fueron una sensación. 

Existieron.

Nunca mejor utilizado el concepto: 

Quien quiera oír que oiga.