sábado, 25 de junio de 2011

AHORA QUIEREN DESCUBRIR EL CADAVER DE SANTUCHO

La utilización de la memoria de los setenta da para todo.

Ahora, ante la desesperación para apartar de la indignación de la gente los detalles de la gran estafa de las Madres de la Plaza de Mayo, el Gobierno tiene en cartera dos temas: uno, del que ya hablamos ayer y está en plena implementación, consiste en permitir que mañana domingo ingresen a la cancha de River Plate a unos 75 mil fanáticos del fútbol que se convertirán en la gran masa movilizadora de un estallido de proporciones si el viejo club pasa al descenso, aunque se lo disfrace de una posición menos grave.

Como lo señalamos, la idea es que el nuevo escándalo alcance una intensidad de tal dimensión que incluso sirva para que pase inadvertida otra clase de derrota: la “frenada”, hasta después de las elecciones, de la proyectada modificación del esquema de seguridad capitalina pergeñado por Nilda Garré, mediante el ingreso a la escena de las Gendarmería Nacional y la Prefectura Naval en detrimento de la Policía Federal.

Esta última resistió con las leyes en la mano y puso de manifiesto algo tan simple como es el hecho de que no se puede modificar una Ley a la que debe atenerse la PFA a través de una simple reglamentación ministerial.

Garré debió dar marcha atrás, mascullar la rabia y, junto con Carlos Zannini, lanzar la explicación de que “la medida se postergará hasta después de las elecciones”.

Por no abandonar los términos futbolísticos, digamos que el resultado fue de uno a cero.

Como compensación, se logró la bajada de pantalones del gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien se resignó a aceptar una importante victoria de la izquierda: la candidatura a vicegobernador del primer distrito electoral del país del izquierdista Mariotto, un hombre de reserva activa para el gran “proyecto transformador” si el kirchnerismo gana las elecciones.

Para los estrategas del Gobierno, hay que acumular hechos para que todo esto sea posible, pero sobre todo para olvidar a la gorda figura de Hebe de Bonafini, que de abanderada ha pasado a ser la “entregadora de los derechos humanos”.

Así, tras pensar y pensar, el Coordinador de Asuntos Técnicos de la Unidad Presidencia -un título que, como su poseedor, Rafael Follonier, también “da para todo”- trajo la solución.

Había que encontrar el cuerpo de “Roby” Santucho, el comandante del ERP que cayó en un enfrentamiento que culminó con la caída de la conducción de la banda y la muerte en combate del capitán Leonetti, quien estaba al mando del pequeño grupo del Ejército que había recibido el dato.

El tiroteo se produjo en un departamento de la zona oeste, cuando el jefe de la organización terrorista y su colaborador, Benito Urteaga, se disponían fugar a Cuba.

Antes de avanzar con los planes de la Casa Rosada, conviene recordar algunos antecedentes.

El Partido Comunista estaba interesado en terminar con los rebeldes ideológicos del extremismo armado y denunció a los guerrilleros. Además, la Unión Soviética reconocía de hecho que éstos se le “habían escapado de las manos” frente a un panorama estratégico donde la Argentina podría ser la proveedora adecuada de alimentos -especialmente cereales- cuya importación le bloqueaban los norteamericanos.

Precisamente, Follonier, un viejo afiliado y militante del comunismo que se había desempeñado en distintos oficios, especialmente el de carpintero, había conocido en Santa Cruz a Néstor Kirchner, del que se hizo gran amigo y colaborador, tareas que cumplió desde el año 2003.

Ahora, instalado cómodamente en su despacho oficialista, cuenta con la colaboración de la mujer del guerrillero Galvarino Apablaza Guerra, lo que explica que la Argentina haya resistido su extradición.

Detrás de este suceso estaba la mano del “Rafa” Follonier, que había trabado muchas amistades aquí y en el exterior.

Hasta había sido dirigente del partido que respondía al ex gobernador bonaerense Oscar Alende y su prudencia lo hizo apartarse de los fusiles y las bombas cuando simpatizó con el ERP.

El “Rafa” era resistido por los peronistas de viejos antecedentes y militancia y se puso bajo el ala del Frente para la Victoria.

Con su poder político y el apoyo presidencial, manejó hilos reservados útiles a sus nuevos mandantes y de tal manera se convirtió en una especie de canciller secreto que se especializó en trazar vínculos con el uruguayo “Pepe” Mujica, el ecuatoriano Rafael Correa y sobre todo Hugo Chávez Frías, lo que le permitió hasta intervenir en el caso de la valija de los dólares de Antonini Wilson, en la comercialización de combustibles de origen venezolano vendidos por PDVSA y asociarse con el argentino kirchnerista Claudio Uberti.

Por sus dotes, el “Rafa” es resistido en nuestro medio diplomático e ignoramos hasta dónde Timerman conoce algo de todo esto, pese a que parte de esta información se difundió hace tiempo en distintos medios -oficiales e independientes-, lo que en nada modificó la situación de Follonier.

Además, éste cuenta con el visto bueno del secretario de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, lo que pone de manifiesto el entramado comercial, político e ideológico que rodea a Cristina Fernández y desemboca en la Secretaría General de la Presidencia.

Por lo visto, los que acusan con el dedo al Gobierno de estar inficionado de un comunismo trasnochado pero amigo de los beneficios financieros de sus actores, no están muy equivocados.

Sergio Schoklender puede dar fe de estas reflexiones.

Así las cosas, Follonier quiere descubrir el cuerpo de Santucho, cuya muerte fue entregada por el viejo PCA un mes antes de los tiros que mencionamos más arriba, en plena Guerra Revolucionaria, cuando dos importantes miembros de esta agrupación se presentaron en Campo de Mayo para dar los datos correspondientes. Ahora, después de tantos decenios, Santucho vendría a dar un nuevo servicio a la causa “nacional y popular”.

Según parece, hace muy poco, un ex conscripto perteneciente a la colectividad judía concurrió al área de Inteligencia de medios policiales, donde aseguró que sabía dónde estaba enterrado Santucho.

En consecuencia, como las “Madres” y las “Abuelas” por ahora han quedado fuera de carrera, no podrán compartir los resultados de estas habilidades investigativas pero aún se ignora cómo será el disfraz para llegar hasta los restos del antiguo guerrillero.

Antes, habrá que preparar el ambiente, lanzar las versiones, hablar del ADN, buscar a algunos militares para endilgarles la responsabilidad de su muerte, aunque ésta se haya producido en combate, tal vez denostar la memoria de Leonetti, que cayó al servicio de la Patria y -¡Eureka!- encontrar lo buscado después de “prolongados esfuerzos”, remoción de tierra, cercar determinados lugares de Campo de Mayo y posiblemente otorgarle los aplausos oficiales al mencionado Secretario de Estado, a quien habrá que sacarle la botella para que pueda hablar de manera más o menos razonable.

Entre tanto, cualquiera hubiera sido el resultado de los eventuales hechos surgidos en River, la prensa adicta se lanzaría sobre el cadáver, se montaría la correspondiente desinformación y se harían esfuerzos por crear un escenario que será dificultoso, pues a muy pocos -o a casi nadie, si se prefiere- le interesa ya dónde está enterrado Santucho, aunque es probable que se busque la vía de nuevos juicios para mantener viva la farsa y el recuerdo doloroso de los años setenta.

Carlos Manuel Acuña

miércoles, 15 de junio de 2011

¡QUÉ CORRUPTA HABÍA SIDO MI “PUTATIVA MADRE”!

Obviamente no me refiero a mi madre biológica, sino a la madre que el vituperable ex presidente Néstor Kirchner nos endilgó públicamente, en su exposición en la Asamblea de la ONU en el año 2007.

Este conflictivo y nefasto personaje colocó un verdadero estigma a todos los argentinos cuando nos relacionó con esta desquiciada y grotesca mujer.

No solo los argentinos la conocen sino también es conocida internacionalmente… pero no precisamente por su lado positivo, en el supuesto que lo tenga, sino por todo lo contrario.

Es madre supuestamente, de dos hijos desaparecidos.

No obstante, según una difundida versión, sus dos hijos, según su ex esposo, estarían viviendo en España.

De ser ello cierto, ya estaríamos ante un grave delito, una estafa, para poder cobrar una suma cercana al medio millón de dólares del Estado Argentino, por sus dos hijos desaparecidos.

Hebe de Bonafini se desempeña como presidente de la Fundación “Madres de Plaza de Mayo”.

Esta organización nació durante el gobierno militar, para intentar el reclamo de madres que buscaban averiguar el paradero de sus hijos detenidos-desaparecidos.

De acuerdo a números fehacientes, el total de estos estaría en el orden de un poco menos de 9.000 individuos, de los cuales un importante porcentaje desapareció durante el gobierno peronista anterior al gobierno militar.

Bajo ningún punto de vista, es la cifra de los 30.000 desaparecidos, que logró este gobierno, instalar exitosamente en la opinión pública.

¿Quiénes eran estos detenidos desaparecidos?

No eran ni más ni menos que esa juventud maravillosa, “los imberbes estúpidos” que el general Perón echó de la Plaza de Mayo.

Las Madres son en consecuencia, los parientes directos de aquellos argentinos, muchos de ellos adoctrinados y adiestrados en Cuba, de buena fe o no, que equivocados, se alzaron en armas contra las autoridades buscando derribar el gobierno para instalar un régimen castro marxista-leninista, totalmente ajeno al sentir de la mayoría de los argentinos.

En esencia, eran los que secuestraban para conseguir fondos para la “causa”, los que asaltaban comisarías e unidades militares para conseguir armamento, los que asesinaban a mansalva a los agentes policiales de los barrios para robarles el arma reglamentaria, los que robaban bancos y financieras, los que copaban pueblos y pequeñas ciudades, los que ponían bombas para instalar el terror en la ciudadanía, los inventores de las “cárceles del pueblo”, los que fusilaban sin miramientos y misericordia a funcionarios y uniformados, para nombrar solamente algunos de sus numerosos, graves y aberrantes delitos.

Son los hijos de las Madres, que mediante el terrorismo y la subversión, desataron la violencia fratricida en nuestro país.

Volviendo a Bonafini, una mujer ordinaria, mal hablada, grosera, verdaderamente impresentable en el estricto sentido de la palabra, es una de las protegidas y mimadas del matrimonio presidencial.

Bonafini se hizo célebre y tristemente famosa no sólo en nuestro país, sino también en otros muchos países, no por su condición de presidente de la Fundación, sino por sus frases y expresiones desafortunadas llenas de odio, rencor e intolerancia que generan una unánime repulsa y condena pública.

En España en particular le fue prohibido el ingreso al país por su apoyo a la organización terrorista ETA.

En una de sus aberraciones verbales, había expresado que “el Estado español está en guerra contra los vascos” y que los presos etarras “son para el mundo un ejemplo de dignidad y de resistencia”.

Su boca es una verdadera cloaca de la cual surgen expresiones y palabras soeces del peor calibre, agravios, insultos, y una reivindicación a la lucha armada y a la revolución violenta.

Escuchar a una dirigente argentina con semejante lenguaje y con conceptos absolutamente reñidos con el sentir de los argentinos, causan pena y vergüenza ajena.

En aras de la brevedad de esta nota, no repetiré los mayores denuestos pronunciados públicamente por esta “abanderada de los Derechos Humanos” de los Kirchner, ya que están disponibles para su consulta en varios medios e internet.

Simplemente quiero mostrar uno que pinta de cuerpo entero a esta agitadora social.

En oportunidad de la inauguración del Museo de la Memoria expresó:

“Que pena que no estén los FAL, las armas con la que nuestros hijos quisieron hacer la revolución.

Si el museo no va a mostrar cómo fue esa organización revolucionaria, las luchas que se libraron, los hechos que se realizaron, no sirve”.

Solamente al matrimonio presidencial, viendo en este oscuro engendro humano, un instrumento para sus oscuros y viles designios, pueden haber pensado en investir como autoridad de una fundación, a una verdadera vergüenza como lo es Hebe de Bonafini.

Esta mujer es funcional a los designios de la presidente.

Es uno más de los nefastos personajes que son pilares del gobierno de Cristina.

“Dime con quién andas y te diré quién eres” dice el refrán popular.

Es uno de los discutidos personajes que pululan en la esfera cercana a la presidente.

Su presencia en casi todas las apariciones públicas de Cristina, ocupando lugares preferenciales cercanos a ella, para simbolizar el afecto y la identificación ideológica entre ambas.

Así fue a lo largo de ocho años.

Hoy pareciera que ese “idilio” está en serio peligro.

Actualmente Bonafini vuelve a ser tapa de todos los medios por el descomunal escándalo por malversación de fondos públicos de su fundación, que por la relación con Cristina, no solo roza a la presidente sino que la afecta directamente.

En el día de hoy el gobierno sabiendo que está en la cuerda floja, pergeñó una estrategia para presentar a Bonafini, como querellante de la causa en la cual ella es una de los principales actores…y también de directa responsabilidad.

El asunto es ganar tiempo a toda costa y empleando como siempre los hicieron los Kirchner, cualquier recurso.

El gobierno sabe que su suerte está relacionada con la suerte de Bonafini.

Timerman, el torpe y obsecuente canciller, con su habitual delicadeza, recientemente, nadie sabe con qué finalidad, expresó: “…que es de muy mal paridos” a los que dudan sobre los posibles desmanejos de los fondos públicos que se utilizaban en la Fundación.

Vuelvo a estar indignado, no solo nos roban, sino ahora también los “perritos falderos”, advenedizos y sumisos, nos insultan.

¿Habrá alguna instancia para quejarnos por estas afrentas y maltrato?

Alfredo Raúl Weinstabl


miércoles, 1 de junio de 2011

MILANI

El pasado lunes 23, Hebe de Bonafini, al tanto del inminente escándalo en torno a su mano derecha Sergio Schoklender, encaminó sus pasos hacia el despacho del Subjefe de Estado Mayor y Director de Inteligencia, General César Milani.

La reunión entre ambos se habría producido a instancias de la Ministro de Seguridad, Nilda Garré, ante la irritación que habría manifestado CFK al conocer, por informes de la SI (ex SIDE), que el destape del caso Schoklender era cuestión de horas.

Milani sigue contando con la mayor confianza de Garré, sobre todo para ciertas cuestiones económicas y de inteligencia.

La reunión con la titular de las Madres en el séptimo piso del edificio Libertador estuvo rodeada de una serie de medidas para evitar que trascendiera.

Sin embargo, no se pudo evitar que fuentes militares deslizaran que el general habría asesorado a la empresaria de la construcción acerca de cómo influir económicamente sobre algunos medios para evitar que el escándalo tomara vuelo.

También se habría hablado -según las mismas fuentes- sobre el apoyo que recibirían las Madres por parte de la central de inteligencia semiclandestina que habría montado Milani para funcionar como una SIDE paralela, al servicio de las operaciones decididas por la Casa Rosada.

¿Hacia un escándalo militar?

Milani, después de haberse convertido en el amo y señor del Ejército, no estaría hoy en su mejor momento.

Sus presiones a varios generales para que apoyen para ascender a ciertos coroneles aumentaron su desprestigio.

Y su imagen habría empeorado aún más a partir de que trascendió su participación en la compra de propiedades con fondos reservados y en el alquiler -a través de terceros- de viviendas en Las Cañitas, algunas de las cuales funcionarían como departamentos de solteros.

Para mantener aceitado el apoyo del grupo de oficiales que lo secundan, Milani vendría organizando en los últimos meses asados, salidas nocturnas, torneos, etc.

La comisión directiva de este selecto club estaría compuesta -además de Milani- por sus adláteres, los generales Jorge Luis Motta, Director General de Personal y Bienestar, José Eduardo Demaría, Director Antártico, y Luis María Carena, Director de Remonta y Veterinaria y figura clave en el esquema de poder militar, porque representa a su amigo, el poderoso Carlos Zannini.

Por su parte, el Ministro de Defensa Arturo Puricelli ha sido hasta ahora un simple observador de estos hechos.

Pero habría indicios de que la situación puede cambiar.

En su sorda lucha contra Garré-Milani, Puricelli estaría acumulando aliados en el kirchnerismo para desplazar a aquél y su grupo, pasándolos a retiro.

Pero tal vez, antes de que eso ocurra, podría desencadenarse un nuevo escándalo.

Milani podría ser citado por la justicia federal de La Rioja por el caso del asesinato del obispo Enrique Angelelli, ocurrido en agosto de 1976.

De acuerdo a una versión, el Jefe de Inteligencia del Ejército correría el riesgo de ser imputado cuando menos como encubridor del hecho.

Las señales que indican un posible colapso del grupo Milani, animarían por otra parte a su rival, el general Mario Gabriel Dotto, Inspector General del Ejército, a prepararse para disputar a fin de año la Jefatura del Estado Mayor, con el apoyo de un pequeño grupo de oficiales.

Pero la pulseada entre ambos para quedarse con la conducción de la fuerza que hoy detenta el general Luis Alberto Pozzi sería entonces apenas un reflejo de la interna entre Garré y Puricelli.



CADA VEZ MÁS CORRUPCIÓN

Nuestro gobierno podría ser calificado como un gobierno fallido en una democracia imperfecta.

Fallido por la ausencia de la interacción de los Poderes.

Fallido por la transgresión casi sistemática de las leyes y la Constitución Nacional.

Todo se busca ajustar a sus necesidades y preferencias.

Si la ley sirve, bien, si no sirve, se busca un subterfugio para justificarla y adaptarla a sus propósitos o simplemente desconocerla.

Nuestro actual sistema democrático es solamente la cobertura de un régimen fuertemente autoritario y personalista.

Pero además de las causas indicadas en el primer párrafo, otra que incide fuertemente, es el enorme nivel de corrupción gubernamental.

En cualquier lugar, hecho o actividad que se investigue, surge casi de inmediato la purulencia de la corrupción.

Una de las banderas de este gobierno son los “Derechos Humanos”.

Desde el principio de la gestión gubernamental del matrimonio Kirchner, este tema constituyó un tema central en su política interior.

Pero como no podía ser de otra manera fue mal llevada, pésimamente llevada, casi solamente como una declamación publicitaria que buscaba obtener réditos políticos.

Los organismos de “Derechos Humanos” muy en particular la organización no gubernamental “Madres de Plaza de Mayo”, entre otras, estaban muy cercanos a la presidente.

La líder de esta agrupación, la inefable Hebe de Bonafini, siempre próxima a Cristina en todos los actos públicos, se trataban como si fueran parientes o entrañables amigas.

Con el tiempo, la organización de las “Madres de Plaza de Mayo”, fue creciendo y formando una especie de holding que tenía desde una universidad propia, hasta, entre otras actividades, la construcción de viviendas en todo el país.

Obviamente ese desarrollo y crecimiento se debía a los millonarios subsidios oficiales.

El apoderado de esta fundación no era más ni menos que un famoso parricida, Sergio Schoklender.

Pero recientemente estalló como en casi todo lo que hace o hizo el oficialismo, el consabido acto de corrupción en el manejo irregular de esos fondos públicos.

El parricida tenía un nivel de vida realmente envidiable, un elevadísimo standard de vida.

Ya en 2010, Fundación Madres de Plaza de Mayo fue denunciada ante la Justicia por el rechazo de 147 cheques por un total de $1.668.270,39.

En 2003, el Juzgado Nacional de 1ra. Instancia en lo Comercial Nº 1, decretó la quiebra de Sergio Schoklender.

Ambos, Bonafini y Schoklender, habían sido denunciados por sobreprecios en la construcción de viviendas sociales “(“Las Casitas de Telgopor de Cristina”).

¿Puede ser creíble que su “madre adoptiva” no haya tenido conocimiento de la situación de Schoklender y del manejo irregular de los fondos?

El hecho es una mancha más para el gobierno.

Una mancha más en este tema en particular, el de los “Derechos Humanos”, que se suma a los cientos, probablemente miles de millones de dólares, sin información oficial, distribuidos entre los familiares de los “desaparecidos” de la década del 70, en los 1200 presos políticos en cuyo detención y procesamiento se transgreden principios jurídicos universales y en los que fallecieron en prisión por no recibir la asistencia médica adecuada.

A ello le podemos sumar casi un tercio de la población que vive debajo de la línea de pobreza, sin perspectivas para su futuro ni el de sus hijos, en los niños en el Norte de nuestro país que se mueren de hambre y así se podría seguir en la enumeración de hechos que marcan un rotundo fracaso en la política de los “Derechos Humanos”.

Estos casos de corrupción que es extienden a casi todas las esferas y actividades del gobierno, se debe fundamentalmente, a la falta de organismos de contralor o de supervisión.

Y precisamente la transparencia de los actos públicos, era otra de las banderas que esgrimía la presidente y que reafirmó repetidamente desde el mismo momento de su asunción a la primera magistratura.

¡Qué ironía!

Dos de las banderas del FPV han caído...

¿Cuántas más caerán con el tiempo?

Dr. Alfredo Raúl Weinstabl

sábado, 7 de mayo de 2011

EL HEROE QUE SE EQUIVOCO DE BANDO

La utilización interesada de la memoria histórica, y de la revisión judicial de las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la última dictadura, les sigue debiendo explicaciones a las víctimas de la violencia guerrillera.

Lo que pasa es que vos peleaste del lado equivocado”.

Eso es lo que pienso decirle al ex soldado Ricardo Valdéz apenas se cure de la dolencia que lo tiene a mal traer y que, sin dinero, lo obliga a viajar cada tres semanas de Formosa a Buenos Aires, donde lo someten a agotadoras sesiones de quimioterapia.

Es una frase irónica y será dicha para exorcizar tantos sufrimientos y tantas humillaciones que, afortunadamente, no parecen haber alterado su calma provinciana ni su preocupación por los camaradas que permanecen en una situación aún peor que la suya.

Valdéz puede ser considerado un héroe, no porque él haya querido sobresalir entre sus pares formoseños sino porque la historia fue a buscarlo el domingo 5 de octubre de 1975, casi seis meses antes del golpe, cuando él y otros soldados conscriptos (el servicio militar era obligatorio) custodiaban el regimiento ubicado en las afueras de la ciudad de Formosa.

En realidad, Valdéz y su grupo estaban durmiendo; habían terminado su turno cuando, a la hora de la siesta, otros jóvenes argentinos como ellos pero con el flamante uniforme azul de Montoneros atacaron el cuartel en la llamada “Operación Primicia”.

Los dos pelotones mejor preparados debían tomar el edificio de la Guardia; allí, el primero que murió fue el soldado que estaba más cerca de la puerta, Antonio Arrieta, que era el telefonista y no tenía armas.

Tres de los atacantes fueron a la puerta del dormitorio donde descansaban Valdéz y diecinueve soldados.

Los montoneros habían entrado al regimiento convencidos de que no tendrían que disparar contra nadie porque los soldados se rendirían a la primera intimación:

daban por descontado que, siendo tan pobres y tan peronistas, los conscriptos se plegarían rápidamente a quienes luchaban por la revolución socialista.

Pero, sucedió que Valdéz y sus compañeros se resistieron y escaparon del dormitorio por una ventana. Claro que antes de que pudieran instalar el primer foco de resistencia, perdieron cuatro camaradas:

Marcelino Torales, el albañil y cantor aficionado que admiraba a Sandro; Dante Salvatierra; Alberto Villalba, y José Mercedes Coronel, el bicicletero de Clorinda.

Otros quedaron heridos.

Valdéz tuvo un comportamiento heroico.

Recordando sus años de futbolista rudo en San Jacinto, una colonia de agricultores ubicada a 195 kilómetros de la ciudad de Formosa, se tiró con los pies en plancha y cerró la puerta del dormitorio.

Y tirado en el piso la mantuvo clausurada con su cuerpo durante una decena de minutos cruciales; a los guerrilleros no les quedó otra que disparar sus ráfagas a través de la madera de la puerta.

“Operación Primicia”, que fue el debut del Ejército Montonero, terminó mal:

en media hora de un combate encarnizado hubo veinticuatro muertos, doce guerrilleros y doce defensores del cuartel, entre ellos diez soldados, de 21 años.

La primera paradoja de aquella tragedia es que todas las víctimas, de un lado y del otro, fueron peronistas.

A los 56 años, jubilado de la policía provincial, Valdéz es el presidente del centro de ex soldados que defendieron el cuartel, que es una organización prestigiosa en Formosa, donde todos los 5 de octubre se realiza un acto y un desfile cívico militar.

Ese honor no cruza el río Bermejo; en el resto del país nadie los recuerda.
La segunda paradoja es que, en cambio, los guerrilleros muertos son considerados por el gobierno nacional, y también por el gobierno porteño, como víctimas del terrorismo de Estado y así figuran en el monumento en la Costanera norte de la ciudad de Buenos Aires a pesar de que murieron durante el ataque a un cuartel en pleno gobierno constitucional de Isabel Perón .

También son homenajeados así en las facultades donde estudiaban (como el soldado santafesino que abrió las puertas del cuartel) y en las ciudades donde nacieron.

La tercera paradoja es económica: los parientes de la mayoría de los guerrilleros muertos cobraron la indemnización prevista para las víctimas del terrorismo de Estado mientras los padres de los soldados muertos deben contentarse con el sueldo básico de un cabo.

La diferencia de dinero es abismal: la vida de un guerrillero vale por lo menos seis veces más que la de un conscripto.

Los soldados que sobrevivieron no reciben ningún subsidio; sólo los heridos más graves cobran una pequeña pensión.

Y así, pobres y olvidados, se van enfermando y se van muriendo, como sucedió hace poco con Juan Carlos Torales, “Toralito”, que trabajaba en una plantación de pomelos en el interior de Formosa y agonizó varios días sin asistencia médica.

Valdéz está peleando para torcer esa historia, con la colaboración de su mujer y de sus hijos.

Y de los amigos y conocidos que lo ayudan a pagar los pasajes en ómnibus a Buenos Aires y el hotelito en el que se aloja, a media cuadra del Hospital Italiano.

Si hubiera peleado en el otro bando, si se hubiera rendido y entregado el cuartel, no le faltarían ahora funcionarios amigos ni homenajes oficiales ni indemnizaciones extraordinarias ni pasajes de Aerolíneas Argentinas.


Ceferino Reato.

miércoles, 20 de abril de 2011

LO QUE FALTABA

Ahora el filosofo K, José Pablo Feinmann propone cambiar la Bandera...

REEMPLAZANDO EL SOL POR EL PAÑUELO BLANCO DE LAS MADRES Y ABUELAS DE PLAZA DE MAYO


Un viejo fantasma recorre otra vez (saludablemente) América latina: el de la identidad nacional.
Hemos advertido que la ponderada globalización que impulsa el Norte implica, para nosotros, una globalización en exterioridad.
Nos globalizamos, pero bajo la imagen, los valores, la ideología, la economía y la agobiante y omnipresente cultura del Otro.
Los teóricos de la globalización proponían que no había Otro.
Pero lo hay.
Esta globalización (la globalización capitalista terciaria, informática y desterritorializada aunque territorializada en Wall Street y el Pentágono, no es cuestión de engañarnos) suponía que la globalización era la unidad final y armónica de los Otros, de todos los Otros que, armonizándose, finalizaban por constituir el sistema de lo Uno: el perfecto sistema de la globalización capitalista.
Esto –quién no lo sabe, lo sabemos todos y el que no lo sabe lo oculta o no quiere saberlo– significó en los hechos (y entre esos hechos el más reciente y decisivo es la invasión a Irak) el poderío hegemónico de Estados Unidos como gran potencia bélica, financiera y comunicacional.
No se globaliza el Todo.
Se globaliza lo uno (un Uno muy concreto: el proyecto bélico–comunicacional norteamericano) que constituye a todos los demás en tanto partes de ese Uno.
De este modo, caen los Estados Nacionales, las identidades nacionales, los aranceles proteccionistas y –con ellos– cualquier posibilidad de un desarrollo industrial autónomo, de una producción y un mercado de trabajo y consumo autónomos y desaparecen también (o, al menos, así debiera serlo) las banderas nacionales.
Porque –y éste es el momento
– hay que hacer una pregunta:
¿Cuál es la bandera de la globalización?
Que nadie se haga el distraído.
Todos los sabemos.
Algo fastidiado, Huntington critica un concepto del mundo islámico que habla de la occidentoxicación.
Bien, así estamos todos: occidentoxicados.
O, si se quiere, macdonalizados.
Lo cual es muy coherente con el estilo de esta globalización tercer milenio. Hubo antes globalizaciones.
Desde 1492 que las hay, ya que, en rigor, el capitalismo es un sistema globalizador.
Pero, en este tercer milenio, la globalización está hegemonizada por la gran revolución capitalista que la dinamiza, que la encarna: la revolución comunicacional.
Al constituir ésta una poderosa generadora de imágenes, conceptos, identidades y –de un modo aplastante– subjetividades, el resultado de esta globalización capitalista es el borramiento, el arrasamiento sin más de las identidades nacionales.
Las que pasan a ser folclóricas, arqueológicas, restos del pasado, rescoldos de otra historia.
Esto hay que evitarlo.
Muerto el “arrorró” de la globalización ha vuelto a estar sobre la mesa de debates el tema de la identidad nacional.
Porque es muy simple: o estamos con este Todo o no estamos con él, ya que es así como el Todo se presenta: “Con nosotros o contra nosotros”, dice el Presidente Totalizador del Imperio de la Totalización, que, ésta sí, no lo dudemos, es totalitaria.
Nosotros, entonces, queremos conservar algunos aspectos de nuestra identidad para conservar sencillamente nuestro país y no dejar que el todo se lo devore, tal como estuvo a punto de ocurrirhasta, pongamos, diciembre del 2001 y hasta un poco más allá y tal como está por ocurrir siempre, pues ese peligro es el peligro y lejos, muy lejos está de desaparecer. Retomemos entonces la identidad nacional.
Requiere ante todo un espacio, una territorialidad. Unas fronteras que dibujen el territorio de su Parte, de su rostro, de, claro, su identidad.
Esa frontera requiere una gobernabilidad, tema que nos lleva al del Estado–Nación o, si se quiere, al Estado nacional, que debe ser recreado, sostenido por la ciudadanía que deberá constituirse en poder constituyente y –si es necesario– expresar su potencia para defender al poder constituido nacional si es agredido por los poderes (económicos, casi siempre) de la globalización totalizadora. Y esta territorialidad nacional deberá tener ciertos símbolos que le otorguen cierta identidad.
El más habitual de estos símbolos es la llamada bandera nacional. He llegado al tema que quería tratar.
En este nuevo universo globalizado-informático, que borra las identidades nacionales en nombre de lo Uno, pareciera absurdo que existan banderas: ¡hay tantas ya! McDonald’s, Disney, Hollywood o la inefable de las barras y las estrellas bien podrían ocupar ese lugar.
Pero hay un problema.
Uno, en principio.
Como nosotros no queremos globalizarnos, es decir, someternos a la unicidad bélico-comunicacional del Imperio, deberemos tener un pedazo generoso de tela que tenga algunos colores y del que podamos decir que es nuestra “bandera”.
Hemos tenido una y todavía la tenemos.
Bien, para ser claro: a mí no me gusta.
Esa bandera expresó, en el siglo XIX, los intereses de lo que Juan Bautista Alberdi llamaba la provincia-metrópoli: Buenos Aires.
El Interior federal, arrasado por el colonialismo interno de Buenos Aires, no se expresó por medio de la azul y blanca.
Con esa bandera se arrasó el Paraguay.
Se hizo la Campaña del Desierto.
Se reprimió a los inmigrantes.
Se masacró la Patagonia.
El coronel Varela festeja, con sus amigos británicos, el triunfo sobre los pobres obreros patagónicos entre banderas azules y blancas y banderas inglesas, que se llevaban bien.
Con esa bandera asume Uriburu.
Perón cambia un poco los símbolos, pero los conserva.
La “libertadora” agobia con la azul y blanca como encarnación de la libertad y la democracia “recuperadas”.
Onganía reprime con esa bandera el Cordobazo.
Con esa bandera asume Videla y aquí llegamos al desborde, al horror, al azul y blanco teñido de sangre.
La bandera se transforma en la bandera del Mundial.
La única bandera.
La bandera de la Argentina y de su gloriosa selección.
“Fiesta, qué fantástica, fantástica esta fiesta.”
La fiesta de todos es azul y blanca.
Una sola bandera y una sola bandera es el Terror, el miedo, la negación de lo diferente. Y luego, Malvinas.
Y otra vez la bandera.
Y se nos recuerda que “nunca fue atada al carro de ningún vencedor de la tierra”.
Bueno, tampoco se había enfrentado con muchos: salvo, sí, con españoles y paraguayos famélicos en los esteros colorados donde se amontonaban los cadáveres.
El día que enfrentó a sus viejos patrones, a sus socios en la masacre patagónica, se la llevaron.
Ellos, los ingleses, atada a su carro de vencedores.
¿Qué proponer entonces?
Otra bandera.
Vamos de a poco.
Estamos en busca de los símbolos nacionales que signifiquen algo para nosotros hoy.
Porque HOY es que hay que librar la ardua lucha (hegemónicamente cultural) de la identidad de este territorio que habitamos.
Si alguien quiere conservar la azul y blanca y si –más aún– la quiere conservar con ese sol en el centro, ese sol enceguecedor que identifica a la bandera como bandera de guerra, que la conserve.
Pero para los actos militares o, a lo sumo, para algunos protocolos oficiales. Aquí, desde estas líneas, tenemos una propuesta que debiera ser casi inapelable.
El único símbolo nacional glorioso, universalmente aceptado, honrado e incorporado por otros países como símbolo de la más pura de las luchas, la de lucha por los derechos humanos es el pañuelo de las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo.
Paraeste siglo XXI, para esta lucha de hoy contra la globalización del Uno Imperial, necesitamos otra bandera.
Que sea azul y que sea blanca, como la anterior.

De acuerdo. Pero le sacamos ese sol de la guerra y ahí, en ese lugar, reemplazándolo, ponemos el pañuelo blanco de las Madres y la Abuelas, el pañuelo de la paz, el de la vida, el de nuestro más genuino, verdadero orgullo.

José Pablo Feinmann

lunes, 18 de abril de 2011

HIJOS: UN LIBERAL Y UNA CORRUPTA

¡Basta Hebe que me hago pipi! “Las madres hoy somos felices, porque nuestros hijos están en ellos, los que están trabajando. Nuestros hijos son Amado (Boudou), Felisa (Miceli), los sentimos nuestros. Lo mejor que le puede pasar a alguien cuando le destruyen la familia, le queman la casa, es empezar a sentir a sus hijos vivos en otros que pelean”, dijo Bonafini. 1.- Boudou es un egresado de la ultraliberal Universidad CEMA, un centro de estudios económicos que fue fundado por el ex ministro de Economía del menemismo, Roque Fernández, y el ex presidente del Banco Central en esa época, Pedro Pou.Militante en su juventud de la UCeDé de Alvaro y María Julia Alsogaray. 2.- Miceli es una supuesta economista que fue designada en el ministerio del ramo por Kirchner y terminó sus días cuando descubrieron en su despacho una bolsa con 100.000 pesos y 30.000 dolares cuyo origen nunca quedó aclarado. Red Patriotica Argentina